Y rasguña las piedras

De lo que me pasa de lo que le pasa a este descubrimiento del universo y sus formas o modos.

De lo que conviene, de lo que no. Me dice que escriba de la mirada de los otros de porque medir de porque no hacerlo.

De lo que me parecía sano de lo que me parece sano y de lo que no.

De lo que está bien de lo que no.

De mis juicios y prejuicios de las varas morales aprendidas y olvidadas.

De lo que hay que hacer, de lo que no.

De lo que se debe hacer y de lo que no.

De las batallas perdidas, de las ganadas.

De las veces que queriendo ser Peter termine siendo Garfio, de las veces que siendo Garfio termine siendo Peter.

De porque el tiempo es el principal enemigo de porque me anime a amigarme con el tiempo que no cura nada.

Me dice que le hable del amor de los enamorados y que escriba del amor de los que no se enamoran.

Me dice que escriba del poder, de los poderosos y de los olvidados.

Y que fluya y que planee y que sea todos y que si dejo de ser uno un ratito, una vez, una tarde, no soy ninguno de los demás.

Me dice que escriba de la libertad, que la imponga.

Me dice que cambie y que sea el mismo. Que no crezca y que madure. Que busque la gloria que me haga sonreír y que me adapte a una simpleza de caminar sencillo.

Me dice que roce con la yema de los dedos las sensaciones sutiles de la energía del alma y que rompa con toda la furia la ira que contiene la existencia humana y material.

Me dice, cultura endemoniada de este cuarto de siglo, me dice en pantallas, en amigos, en amigas, en glorietas al costado del camino, en los subtes y los trenes y las marchas y las manifestaciones y los negocios y los trajes y los casamientos y los cumpleaños y los colegios de los hijos que fuimos y que ya no somos, me dice que escriba, poco, rápido, sin aliento y con todo el corazón en la mano para que parezcan vivos aunque se estén muriendo.

Y me dice que no importa el sexo que somos quienes queremos ser, pero que seamos todos esos que queremos ser.

Me dice que escriba sobre la sensibilidad social de los que ven que el mundo está hecho mierda y me dice que escriba sobre la familia que es lo único que importa en la vida.

Y me dice que sea un luchador de ambas causas.

Me dice que los propios son los propios y los demás un entramada perdido y que ese entramado es todo lo que importa.

Me dice que encuentre una síntesis y que escriba de esa síntesis. Y que todo es tan inabarcable que es imposible no hacer una vez en la vida una vuelta por el mundo en bicicleta.

Me dice que escriba sobre escuchar el alma y que me monte a una nube a soñar causas perdidas y que me embarque en esas causas y que pedalee en fantasías sobre ruedas al aire y me dice que escriba con los pies en la tierra y los planes de futuros. Y que diseñe la forma de una casa donde morir.

Me dice que calle el ruido y me dice que escriba sobre cosas tan ruidosas que ni pensar se pueda. Me dice que pelee, que escriba sobre las peleas y las luchas y me dice que no escriba que no pelee que las batallas son internas y de cada uno. Y que solo alcanza con el silencio. Y que ambas son verdad. Y que crea fervientemente en la existencia de algo mayor a todo lo mayor y que nada es creíble en el mundo.

Me dice que escriba sobre vivir con uno mismo y me dice que uno mismo es la respuesta al entorno. Me dice que escriba de la tradición y que no me olvide nunca de dónde vengo y a donde voy, que escriba sobre la humanidad y que sea un libertario. Me dice que puedo ser todos y que aprenda a decir que no incluso a los que no quiero negar.

Me dice que todo el secreto está en ser quien uno quiera ser y que escriba sobre eso. Me dice que todas mis decisiones son mías y que decida sobre eso. Paradojas pienso y no lo escribo.

Me dice que no hay opresión posible y que siempre las víctimas son los otros .

Me dice que escriba sobre las cosas que no alcanzan, sobre las entregas, sobre la libertad, sobre el amor y sobre la verdad y me dice que viva sin escribir una línea que la verdad no existe y que toda la verdad existe en su verdad y que es más la forma que el fondo. Y que no me importe el sufrimiento ajeno y que no haga sufrir a nadie, me dice que haga un destino propio a la par de los destinos de todos.

Y me dice, callada entre la multitud de colectivos solidarios y anárquicos, a los gritos en los cementerios, me dice adaptada a la realización de no saber quién es, me dice con toda su vida en la mirada y sin ganas de nada con el pelo enredado tan rubia y morena, y varón y mujer y sabia y loca. Me dice desde los televisores y las radios y las redes sociales y con los pies en el agua de una playa blanca y radiante.

Que la escriba, que la describa, que la ayude, que sea libre, que este siempre, que no moleste, que haga ruido, que me silencie, que sea frágil y que sea fuerte, que sea poderoso y que sea despojado. Que no funciona y que funciona, que el amor es un chicle. Que no tenemos destino y que todo el destino está escrito, que la vida es una novela y que garantice desde las sombras que todo fluya y que nunca jamás lo mencione, que me quede en silencio y que no me calle, que ría a carcajadas y que sea libre y bien macho y bien puto.

Y una vez que terminan de caer, el vértigo, la emoción de la lucha, el montado sobre autos y ruinas. La ruptura de vidrios, la quema de gomas, la adrenalina hermosa con la que nos tapamos la cara levantamos los brazos, defendemos la causa. El vertiginoso escándalo de los medios de comunicación, la pintada de paredes, las sirenas, la policía corriéndonos, empujándonos, enfrentándonos como soldados mojados y arrestados. La lucha explicita por una causa. El grito cantado contra la iglesia y contra el estado, la marcha y la organización. La absoluta certeza y convicción de estar en el momento y en el lugar correcto. La ola que sube por encima de nosotros mismos que nos desborda y emociona. Uno vuelve a empujar el carro. Y todo vuelve a empezar.

Y entonces rasguñan las piedras.

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