Sombras en la soledad

Episodio 2

Aquella sensación la acompañó unos días y parecía desvanecerse en la aparente normalidad de las tareas diarias. Lidia lo sabia- la arena de su tiempo se agotaba cada vez que soplaba la llamita de esa vela – lo sabían antes de acostarse cada noche.

Enviudar es algo que sucede siempre hace tanto y sin embargo se enviuda todos los días. Los recuerdos de compañia parecían ser cada vez mas escasos, mas borrosos, y un día dejaron de existir.
Había sido un sueño y la soledad presente era helada-mente real.

Yo era un niño y aun recuerdo verla pasar , apartarse del asfalto en ese último foco para entrarse en ese oscuro túnel sombrío para volver a casa. Recuerdo esas noches silenciosas el sonido de sus pasos arrastrados, lentos, lentos regresando bajo las estrellas.

Las noches pasaban como páginas resecas por el frio de la soledad. Lidia caminaba y alguien mas caminaba a su lado, alguien que no veía y de ves en cuando la llamaba por su nombre. El miedo fue mutando en costumbre, la costumbre en aceptación y la aceptación en la esperanza.

Entonces cada regreso a casa fue mejor, dicen que la veían caminar hacia la oscuridad ya sin linterna, se hablaba conversando con alguien de agradable paseo en la noche solitaria. Esa oscuridad donde habitaba una compañia, la única compañia.

Algunas madrugadas después de la lluvia algunos vecinos juraban haber visto las huellas de doña Lidia junto a otras huellas de pies descalzos en el barro.
Ahora sonreía cuando saludaba en el almacén del barrio, existiendo.

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